Mi Primer Aborto Asistido Por Un Medico.

Publicado en Ayuda, Ciencia, Curiosidades, Humor, humanitario, medicina con etiquetas , , , , , , , , , , , el Agosto 24, 2009 por Leo Perroja
by Perry

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Esta mañana se cumplia una semana desde la fecuendacion, al principio decidi mantenerle con vida para ver como evoluia, como crecia, para evitar dejar daños irreversibles en mi figura. Pero ayer el dolor y las molestias relacionadas eran insoportables, asi que decidi llevar a cabo el aborto, esta vez seria diferente, ya que las veces anteriores me los he practicado yo o con ayuda de amigas, pero hoy no me sentia lo suficientemente fuerte como para hacerlo, asi que fui al medico.

Al llegar comenzo con las preguntas rutinarias, que si sabia quien era el que me habia “picado”, yo no supe responder ,ya que todo habia pasado tan rapido en esa noche de alcohol y perdicion en Granada. Despues de ese momento tan penoso, el medico me reviso, me dijo que estaba en el cuello y que tenai 2 opciones, tomar un medicamento para forzar el aborto natural, o practicar un legrado en urgencias, al final decidimos hacer el legrado.

Bajamos a urgencias y la asisenta del medico me acribillo, diciendome que en America cobraban por eso y que yo tenia que pagar, pero como tenia amistad con el doctor que lo dejase a si, no obstante no paro de quejarse, que porque tenai que pagar con sus impuestos mi aborto, que era ilogico, al final decidio comenzar con el aborto, preparo la camilla, me pidio que me sentara y relajara, desinfecto el equipo e hizo el primer intento, pero fue infructuoso. Despues de debatir con su compañera, me dijeron que tenia que tomar los medicamentos para forzar la salida natural del feto y que si no mejorase pues que regresase en 3 dias.

Asi que sera hasta dentro de 3 dias que sabre si el aborto será “natural” o forzado por el medico.

De momento estoy vendado como una momia.

Colicos de Una Muerta Anunciada – Parte Final -

Publicado en Curiosidades, Famosos, Humor, cuentos eroticos, historia con etiquetas , , , , , el Agosto 7, 2009 por Leo Perroja
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Partes I-VII

Una vez dentro, cada cual ocupó el puesto que le pertenecía: la Duquesa y la Archiduquesa sentadas justo frente al altar, el Barón y los otros miembros de la corte sentados justo atrás. Después de que el cura leyera el sermón, preguntó si a alguien gustaría decir unas palabras. La primera en subir al altar fue la Archiduquesa, quien recordó los momentos que pasó con la Marquesa, cuando ésta decidió mudarse a Palacio, las múltiples orgías en las que participaron juntas. En seguida subió la Duquesa, quien dijo muy poco, ya que no podía parar de llorar, pero entre sollozos pidió al jefe de la policía, quien se encontraba sentado cerca de la entrada de la catedral, que por favor hiciera hasta lo imposible para encontrar el cuerpo de la Marquesa.

Otros miembros de la corte pasaron, luego el cura retomó la palabra y justo cuando iba cerrar la ceremonia, el jefe de la policía se levantó y dijo: Señor cura, me gustaría decir unas palabras.

Todas las miradas de las personas ahí congregadas se centraban en el jefe de la policía, nadie se explicaba qué era lo que ese hombre tenía que decir sobre la Marquesa, ya que eran de mundos diferentes y nunca habían cruzado siquiera una mirada, pero el cura accedió a su petición y el hombre subió al altar.

- Muchos de vosotros estaréis sorprendidos al verme en esta posición, comenzó diciendo el jefe de la policía. Primero debo aclarar que no estoy aquí para hablar sobre la Marquesa de la forma en que algunos de vosotros lo habéis hecho, pido vuestra comprensión, pero todo esto tiene un por qué.
Hace dos días, dos mujeres llegaron a la delegación, desesperadas, exigiendo que apareciera el cuerpo de la Marquesa, basadas en el presentimiento de una de esas distinguidas damas. He de confesar que en ese momento todo me pareció una desfachatez e ignoré el clamor de esas mujeres, pero ellas insistían en decir que la Marquesa corría peligro. Recapacité y decidí indagar en el por qué de las afirmaciones de esas damas. Fue así como hable con un caballero, quien me informó de que se encontraría con la Marquesa y la traería sana y salva a Palacio. Esa noticia consiguió tranquilizar a las damas y di mi trabajo por hecho.
Para mi sorpresa, al día siguiente se presentan una vez esas damas en la delegación, sólo que está vez no llegan preguntando por el cuerpo, sino que traían consigo partes del mismo.
Un crimen como ése no podía quedar impune en este pueblo, así que decidí resolverlo a todo costa y comencé de inmediato con las investigaciones e interrogatorios correspondientes.
La teoría más sólida era que el caballero que se encargaría de traerla a Palacio era el culpable, pues varias fuentes confirmaron haber visto pasar su carruaje por Palacio, por el lugar donde las partes del cuerpo de la Marquesa fueron encontradas, todo indicaba que este caballero había acabado con la vida de la Marquesa, la había descuartizado y dejado esas dos partes frente a Palacio, confiado en que nadie lo vería. Para su defensa contaría con la palabra de su cochero y la suya, usaría su reputación intachable como coartada y saldría bien librado.
Después de una pequeña pausa el jefe de la policía dijo: el caballero del que hablo es el Barón Gor Van Jermoler. La iglesia se inundo de murmullo, los cuales fueron seguidos de gritos pidiendo que le arrestaran y le hicieran pagar por ese horrible crimen. El jefe de la policía pidió calma y prosiguió:
- Pero el Barón contaba con la coartada perfecta y ésta no provenía ni de su cochero, ni basada en su reputación… sino de la persona menos esperada, una persona con la que no contaba nadie. Por los momentos mantendré la identidad de esta persona en el anonimato, lo importante por ahora es que el Barón es inocente y no ha tenido nada que ver con la muerte de la Marquesa, su único error fue pasar por el lugar equivocado a la hora indicada, pero no para él, sino para las culpables de este crimen.

Una vez más los murmullos inundaron la iglesia, mientras cuatro miembros de la policía bloqueaban la salida de la catedral.

- Sí, he dicho las culpables, pues quienes cometieron este atroz acto fueron dos damas, esas mismas damas que acudieron a mi aclamando ayuda y esas damas están entre nosotros, son la Archiduquesa de de Awa y Berwick-upon-Tweed y la Duquesa Chaka Cortes Heredia de Padul e Ifgenia la Mayor.

En ese mismo momento las dos mujeres intentaron salir de la iglesia, corrieron por el pasillo lateral con los tacones en las manos, pero fueron detenidas por los policías, justo antes de que la turba enardecida que pedía que fuesen decapitadas o quemadas en la hoguera, se abalanzara sobre ellas.

El Lunés el Epilogo, explicando como el jefe de la policía resolvió el misterio y el motivo del mismo.

Colicos de Una Muerta Anunciada -Parte VII-

Publicado en Curiosidades, Famosos, Humor, cuentos eroticos, historia con etiquetas , , , , , , el Agosto 6, 2009 por Leo Perroja
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Partes I-VI

- Buenas noches Barón Gor Van Jermoler, perdone el venir sin avisar pero como ya lo sabrá, partes del cuerpo de la Marquesa fueron encontradas frente a Palacio ya he interrogado a la Archiduquesa y la Duquesa, y a dos miembros de la servidumbre, ahora me gustaría preguntarle algunas cosas, claro está, si eso no representa ningún problema, entiendo que no tengo ninguna orden para hacerlo, pero la puedo conseguir para mañana, o si prefiere puede pasar por la delegación voluntariamente.

Pasados unos minutos el Barón decidió romper el silencio que inundó el salón de su casa, diciendo:

-Vera señor jefe de la policía, lo que me acaba de decir me deja totalmente fuera de mi, no entiendo como eso pudo ser posible, y si, estoy dispuesto a responder lo que sea necesario.

-Me gustaría que me relatara de la manera mas breve y objetiva posible, no obstante sin dejar detalles por fuera, cual fue el recorrido que realizó con la  Marquesa cuando la dejó en Palacio, dijo el jefe de la policía.

- Pues como le había comentado anteriormente, me encontré con ella en Constantinopla, pasamos unas horas ahí con amigos en común, luego salimos y alrededor de las 5 de la tarde llegamos a Palacio, nos despedimos, le ayudé a dejar su equipaje en la puerta este de Palacio y luego me dirigí al ala sur, que es el lugar más próximo a mi casa, pero el paso estaba obstruido por la carreta que recoge los puercos, así que tuve que regresar y dar la vuelta a Palacio. Llegué a casa alrededor de las 5:30 de la tarde, mi esposa y la servidumbre pueden corroborar eso y mi cochero podrá confirmar el resto de la historia, aunque trabajando para mí no lo pone en una posición de absoluta confianza.

- Gracias por su ayuda Barón, dijo el jefe de la policía, ahora me retiro que aun hay una persona con la que necesito hablar.

La mañana del domingo llegó y en el pueblo todos los miembros de la corte vestían sus trajes de luto. La Catedral del Perdón estaba preparada para la llegada de los féretros que contenían el seno y la oreja de la Marquesa. Su cuerpo no había sido encontrado, pero nadie sabia a ciencia cierta las condiciones en las que esas partes del cuerpo fueron halladas. Todos en el pueblo comentaban: unos decían que la Marquesa había sido devorada por los cerdos, otros que había sido víctima de los lobos, otros que había caído en el molino de harina mientras fornicaba con el molendero, pero lo que nadie siquiera sospechaba es que el testimonio de una sola persona iba a cambiar el destino de todo el pueblo, que alguien de la más alta esfera de la realeza se vería involucrado en un grave crimen. Pronto todo saldría a la luz.

En la puerta de la Catedral del Perdón se encontraban la Archiduquesa que llevaba puesto un largo vestido de seda austriaca, con incrustaciones de diamante, perlas blancas y negras, zafiros y esmeraldas, una peineta de marfil con detalles en jade y lapislázuli del bajo Nilo, una mantilla bordada a mano por los niños ciegos del Monasterio de la Transfiguración con hilos de plata y oro, unos zapatos con tacones de nácar y piel de feto de panda. La Duquesa por su parte vestida un discreto vestido blanco roto, que tenia el escote en W, bordado con pequeñas incrustaciones de ópalos y rubíes, una peineta también de marfil con detalles en cuarzo rosado y amatista, una mantilla bordada por lo niños del mismo monasterio, zapatos se piel de rana dardo dorada, ambas recibían las muestras de de consuelo de los habitantes del pueblo, ajenas a lo que sucedería dentro de la catedral.

……Continuará